Conseguir mucho con muy poco

Por @ejoana

«Cuántas emociones y pensamientos en estos momentos, en el vuelo YU351 con destino Guinea Bissau» escribí cuando estábamos a punto de aterrizar en su capital.

Somos un grupo heterogéneo de ocho personas dispuestas a penetrar en el alma africana de un pueblo llamado Bafatá. Es un viaje muy especial, junto a mi hija Carla y representando a dos compañías muy cercanas a mí: Inesdi y Telemaki.

Viajamos como cooperantes de Djumbai, una pequeña ONG fundada por Judit Torrent y Joan García, dos personas entregadas a Bafatá y a ayudar a su comunidad. Djumbai lo formamos un grupo de personas que tenemos como objetivo trazar una línea estratégica, eficiente y moderna, que permita un desarrollo real de las poblaciones más desfavorecidas, aportándoles una perspectiva de futuro que mejore sus condiciones de vida. Los miembros de la asociación procedemos de diferentes áreas de conocimiento: sanitaria, enseñanza, ingeniería o gestión empresarial, entre otros, y las ponemos en común para desarrollar proyectos coherentes y con altas expectativas de éxito.

A través de Judit y Joan podemos conocer de cerca las poblaciones y organizaciones en las que intervenimos, lo que permite a Djumbai elaborar proyectos en concordancia a la necesidad de las comunidades y en estrecha colaboración con las instituciones, asociaciones y colectivos locales. Inesdi ha colaborado en este viaje aportando su solidaridad, especialmente para ayudar a estudiantes a avanzar en su carrera universitaria y en proyectos de emprendimiento para jóvenes y mujeres.

Inesdi-Djumbai

Aprender de un país africano

Hemos conversado mucho sobre cuáles son nuestras expectativas o sueños en torno a este viaje, y creo que coincidimos: queremos aprender de un país africano, principalmente musulmán, y con una esperanza de vida de 47 años (¡uff!, menos de los que tengo). Queremos aprender de sus gentes, de su cultura, de sus relaciones, de su modus vivendi, de sus tradiciones pero, sobre todo, de cómo consiguen o no su felicidad.

Vamos con toda la humildad, el amor y el respeto hacia sus gentes y entorno. Cada vez me gustan más los fundadores de Djumbai: son grandes conocedores y auténticos amigos de la gente de Bissau y Bafatá. Me encanta escuchar a Judit, cómo transmite su amor por la que considera su familia, donde nos hospedamos.

Personalmente tengo un sueño adicional: quiero que este viaje sirva de cimiento de mi nueva vida, un vida que quiero que sea más profunda y auténtica, más sensible y con mayores emociones. Voy a explorar desde una nueva perspectiva. Sé que me espera algo maravilloso y quiero aportar todo lo aprenda a mis alumnos de Inesdi.

Siete días en África y parecen siete meses… He pasado de estar inmovilizada por la raza negra, las relaciones, los contrastes, los olores, por un mundo tan lejano… a sentirme parte de él, una huésped de la casa de Sabado y Bamba en Bafatá. En la casa viven también varias chicas, familias y muchos niños, casi me pierdo para saber quién es quien, pero ellos siempre me reconocen y sonríen. Y me llaman por mi nombre, ‘bom dia, Joana’.

Bafatá es una pequeña población con gentes de todas las condiciones pero la mayoría son amables, sonríen, son conscientes de su rol en la comunidad. Las familias luchan por tener empleo, por la educación de sus hijos, por mantener a sus amplias familias. Es curiosa una sociedad donde el Estado casi no está presente ni en la salud, ni la educación, ni en la vejez, ni en la recogida de residuos, ni en las infraestructuras,… Para todas estas cuestiones, las familias solo se tienen a ellas mismas y a sus clanes. Me impacta verlos con sus móviles haciéndonos fotos; la penetración del móvil es casi total, y tengo conexión a Internet en todo momento.

Inesdi-Djumbai

Es curioso estar en un territorio tan lejano en todos los sentidos y a la vez sentir que estoy conociendo a personas muy, muy especiales:

A Oswaldo, que es el alma de Djumbai en Bafatá y futuro emprendedor al que estamos ayudando.

A Bamba, responsable de la casa y que intenta desde hace cinco meses tirar adelante con un pequeño comercio, que ahora también intentamos que pueda ampliar.

A Bubakar, que dirige una ONG y una red de asociaciones en la región de Bafatá, y que intenta enseñar -desde la base en valores y derechos de los niños- a trabajar en equipo y cómo se organiza y se hacen elecciones en las asociaciones, ¡especialmente de mujeres!

Y a muchos más que, con sus esfuerzos individuales, están intentando desarrollar uno de los países más pobres del mundo.

De todos ellos aprendo cada día acerca de la extrema sencillez, la humildad y el agradecimiento continuo. Pero, sobre todo, aprendo que la felicidad se consigue desde dentro y con muy, muy poco. Aprendo cada día de África que se puede conseguir mucho con muy poco.