Eterna asignatura pendiente

La docencia de calidad: eterna asignatura pendiente en nuestro país

Abuso exagerado de las clases magistrales en las que el profesor es el único miembro de una clase que toma la palabra, profesores que se desentienden de forma casi permanente del grado de seguimiento y de comprensión de sus alumnos, profesores que inician el curso informando a sus nuevos alumnos de lo difícil que les será aprobar su asignatura y del gran número de suspensos que se vio obligado a otorgar en el anterior curso, profesores que explican a los alumnos de iniciación, en vez de las materias básicas que deberían, los últimos conocimientos que han adquirido en la última lectura que han realizado, y un largo etcétera. Estos escenarios lamentablemente son bastante habituales en nuestro sistema formativo de adultos y  pueden representar la punta de lanza de un importante problema que adolece nuestro sistema formativo, que es la baja orientación hacia la excelencia docente de una parte excesiva de los  profesionales de nuestro sistema formativo.

En la selección y formación de los docentes de los diferentes niveles de nuestro sistema educativo se centra la atención casi exclusivamente en el nivel de conocimientos que pueden acreditar los candidatos y en general no se hace ninguna valoración de sus capacidades docentes. De hecho, se da por supuesto que disponer de conocimientos es también una garantía de saber transmitirlos.  Sin embargo es muy importante no confundir la  capacitación docente con el nivel de conocimientos pues probablemente la mayor parte de nuestros equipos docentes podrían acreditar un buen nivel de conocimientos pero muchos de ellos no superarían la capacitación docente.

Capacitación docente es una compleja capacidad que comporta entre otras, difíciles habilidades como:

  • Captar el nivel de conocimientos de los alumnos y saber motivarlos para que se impliquen, a través de su propio esfuerzo, en mejorarlos.
  • Facilitar los pasos del aprendizaje ayudando al alumno a entender más fácilmente las materias.
  • Generar un nivel de empatía y de respeto en los alumnos.
  • Saber administrar adecuadamente los  ritmos de atención, concentración y de relajación que comportan la gestión de un grupo docente.
  • Generar en los alumnos el sentimiento de capacidad de autoaprendizaje.
  • Motivar la capacidad de expresión oral de los alumnos y de compartir y de participar de forma individual y colectiva en el proceso de aprendizaje.
  • En fin, algo tan complejo como, incentivar, motivar, facilitar, comprender, intuir, captar, transmitir …

¿Por qué en nuestro país hemos dado por supuesto que estas competencias venían implícitas con el conocimiento de las materias o de las doctrinas? La realidad es que disponerlas o no depende mucho más del temperamento, del carácter, del nivel de lo que ahora llamamos inteligencia emocional, de ciertos valores internos que no del mayor o menor grado de conocimientos que se disponga. La realidad es que la función docente de calidad requiere necesariamente de disponer simultáneamente tanto del conocimiento como de las capacidades docentes. Ninguna de las dos obtiene resultados sino no se complementa con la otra. Las dos deberían ser evaluadas y exigidas en los procesos de selección de nuestros profesores.

Nuestro sistema educativo presenta pues  un  claro desenfoque en esta importantísima cuestión. ¡No deberíamos extrañarnos  de los resultados!

Joan Turro Vicens
Economista – Presidente de Inesdi