La trayectoria de una empresa en el entorno digital actual no es una línea recta en el tiempo, sino que hay una serie de etapas por las que va pasando. Sin embargo, para poder transitarlas con éxito y continuar avanzando, lo primero que se necesita es saber en qué punto de este recorrido se está. Para conocerlo, se utiliza un modelo de madurez digital, que sirve también para saber qué acciones llevar a cabo.
La madurez digital mide el grado en que una empresa ha integrado la tecnología en su modelo de negocio, en las operaciones y en las decisiones que se toman. Aunque se suela pensar que basta con haber dado el salto a la transformación digital apostando por herramientas en este entorno, lo que realmente importa es saber usarlas de forma estratégica.
Para poder conocer esta capacidad, se realiza un diagnóstico de madurez digital, que se encarga de identificar fortalezas, debilidades y oportunidades de mejora. Existen diferentes indicadores, que sirven para calcular el índice de madurez digital. A partir de él, se elabora un plan de evolución realista. Los principales indicadores son:

Los niveles de madurez digital se utilizan para clasificar a las empresas según su grado de evolución. Es decir, cómo de avanzada está la integración de las diferentes herramientas digitales. Una vez que se ha identificado cuál es, se procederá a escoger el modelo de madurez digital para trazar las acciones a implementar. Los niveles son estos:

El modelo de madurez digital que se elija determina la manera que se analizará a la organización y las iniciativas que se prioricen. Hay que tener en cuenta que no todos son válidos para cualquier empresa, ya que todo depende de su tamaño, de su orientación a la experiencia del cliente, de las capacidades tecnológicas o de la estructura organizativa. En cualquier caso, el punto de partida es un autodiagnóstico de madurez digital alineado con los objetivos del negocio. Después, se escogerá el modelo más adecuado.
El modelo Forrester evalúa la capacidad de la empresa para ofrecer experiencias digitales que ofrezcan valor al usuario. Analiza la cultura, tecnología, organización y métricas, pero poniendo siempre el foco en el cliente. Se suele utilizar en compañías que desean mejorar su posicionamiento digital y optimizar la relación con el usuario en distintos canales.
El modelo MIT aborda la digitalización desde una perspectiva más estratégica. Se enfoca en el liderazgo, la visión y la capacidad para digitalizar una empresa desde su núcleo. Es interesante para aquellas organizaciones que están en fases iniciales o intermedias y que necesitan alinear dirección, estructura y ejecución para avanzar.
El modelo Digital Quotient mide la capacidad real que una empresa tiene para competir en el entorno digital. Para ello, evalúa factores tecnológicos y organizativos, como talento, procesos y cultura. Sirve para comparar el nivel de distintas unidades de negocio o para hacer un benchmarking con otras empresas del sector.
Más allá de las diferencias, lo importante es que el modelo de madurez digital sea capaz de hacer un buen diagnóstico y de establecer las acciones a implementar. En la práctica, se puede trabajar con varios para que la visión sea más completa. En cualquier caso, lo que más importa es el plan que se elabore tras el análisis, que se debe poder priorizar iniciativas y avanzar de forma estructurada en la evolución digital.
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